Testimonio: El sexismo y la falta de sororidad en el movimiento antifascista

sororidad-580x3941
Ilustración: Feminismo Unizar

Lo que hoy voy a relatar no es fácil para mí, pero es necesario hacerlo. Y lo es porque sé que muchas chicas, como yo, lo han pasado, lo están pasando y lo van a seguir sufriendo si no le ponemos freno. Porque quiero ayudarlas, y que entiendan que no tienen que soportar esto, que tienen el feminismo de su lado y que no pueden permitir que nadie les diga lo que deben hacer con sus vidas.

Todo comenzó hará 4 años. Yo era una chica más en el movimiento antifascista, tenía muchas amigas del ‘rollo’ y siempre estábamos juntas. Un día, comencé a interesarme por el movimiento Skinhead, ¿qué problema iba a haber? Era otra chica más, queriendo entrar en el movimiento, o eso pensaba yo. En cuanto empecé a hacerlo público y quise hacerme el chelsea -peinado típico de las skinhead girls- las reacciones de la sección femenina del movimiento no tardaron en hacerse notar, la falta de sororidad y la alienación hicieron acto de presencia casi instantáneamente. Las que eran mis amigas, de repente se tornaron agresivas, intimidantes, no paraban de cuestionarme y de decirme que yo no tenía derecho a meterme en esto. Empezaron a decirme que antes de entrar en el movimiento yo tenía que darme a respetar, que sino los hombres no me respetarían, que iba a parecer que ‘entraba en el movimiento sólo para follarme a los skinheads’. Por suerte, yo ya estaba instruida en el feminismo, así que mi actitud ante estas agresiones machistas fue de profundo rechazo. Y eso empeoró el comportamiento de estas chicas. Empezaron a decirme que esperara, y yo para evitar más líos dejé pasar tres meses, porque ya había sufrido bullying en mi infancia y, sinceramente, no quería que estuvieran acosándome. No quería volver a pasar por esto, pero al final volví a pasarlo. Volví a vivir todo eso, y más.

Un día, me cansé de tantas acusaciones, de tanto cuestionamiento, de que no pararan de decirme lo que tenía que hacer o dejar de hacer con mi vida y decidí seguir adelante con la mía. Me hice un chelsea, sí. Me metí en el movimiento Skinhead, y eso no fue ningún delito. Pero desgraciadamente, para las mujeres alienadas del movimiento sí lo fue. A los pocos días de hacerme el chelsea, la que en su momento fue mi mejor amiga me golpeó cuando intenté hablar con ella debido a lo absurdo de la situación en la que ella y las demás chicas me estaban poniendo. Ojalá pudiera decir que esto terminó ahí, en una pelea, pero no fue así.

Más tarde, comenzaría a acosarme a través de las redes sociales, intentando poner a todo el mundo en mi contra, inventando y difamándome -llegó incluso a decir que yo le pegaba a mi madre o que le robaba dinero a mi padre, todo con el objetivo de salirse con la suya, de conseguir que nadie me hablase y de intentar arruinarme la vida-. Su acoso llegó a tal punto, que tras difundir mi número de teléfono para que me acosaran -llegué a recibir mensajes de mujeres diciéndome que cuánto cobraba por ‘mis servicios sexuales’, mujeres que más tarde se disculparon, pero de eso hablaré luego-, tras decir que yo era una vergüenza para las demás skinheads y para las feministas, tras subir fotografías mías a sus redes sociales -a día de hoy, todas mis redes sociales siguen privadas por este motivo-, tras enviar mis fotos a nazis con el objetivo de que me pegaran y tras crearse cuentas falsas con la intención de acceder a mis redes sociales y seguir obteniendo fotografías, muchas personas me recomendaron denunciarla. Pero no lo hice, y me arrepentiré toda la vida, porque nadie tenía derecho a cohartar mi libertad de hacer lo que quiera con mi vida y con mi cuerpo.

Todo esto se descontroló tanto, que incluso una de ellas, tras haber hecho un perfil falso y haber conversado conmigo haciéndose pasar por otra persona, llegó a llamarme por teléfono para quejarse por lo que le dije a su perfil, advirtiéndome que si se me ocurría cruzarme con ella, me daría tal paliza que me enviaría al hospital. Y con todo esto, yo sólo intentaba hablar con ellas y hacerlas entender que lo que me estaban haciendo no estaba bien, que era machista, que tenían que ser más comprensivas. Pero nunca lo fueron, y cada vez que me cruzaba con una de ellas me amenazaban y me insultaban, me decían que les daba vergüenza que yo perteneciera al movimiento en el que ellas estaban porque me iban a relacionar con ellas, y ellas no eran ningunas ‘putas’ como yo. Al poco, empecé a salir con un chico -que resultó ser un maltratador psicológico- y también lo acosaron a él, le enviaban mensajes diciéndole que yo era una puta, lo amenazaban y si él se cabreaba y me defendía, la pagaban conmigo.

No paraba de preguntarme porqué tanto odio, porqué un movimiento donde se supone que todos deberíamos ser iguales se había convertido en un nido de sexismo y acoso machista, porqué no había sororidad, sino todo lo contrario. Y ni siquiera hoy he encontrado respuesta.

Empezó a pasar el tiempo, y yo seguía sin ceder. Seguí formándome en el feminismo y haciéndome cada vez más fuerte, ayudando a toda chica que se cruzara conmigo para que nadie tuviera que vivir lo que he vivido yo, y por eso hago esto. Con el tiempo, muchas de las chicas que me acosaron por culpa de estas personas, acudieron a mí para disculparse. Entendieron que estuvo mal, que lo que hicieron fue sexista. Y las perdoné. Al fin y al cabo, todas podemos estar alienadas en algún momento de nuestras vidas, pero no todas somos capaces de salir de ahí y enfrentar nuestros errores cara a cara.

Relatar esto ha sido muy duro para mí porque, a pesar de que me he dejado muchas cosas en el tintero, y aunque hayan pasado 4 largos años, la herida sigue abierta, pero creo que es necesario que las chicas entiendan que no hay que ser competitivas, que acosar a las demás mujeres no está bien, que no tenemos que pelearnos, sino que por el contrario debemos estar unidas y erradicar el machismo del movimiento antifascista. Compañeras, deben formarse en el feminismo y ayudar a las demás chicas alienadas a darse cuenta de su alienación. Sin la sororidad, no somos nada.

– Anny G.

Desde Red Feminismo, queremos poner todo lo que esté en nuestra mano para que casos como este no vuelvan a suceder nunca más. Si estás en esta situación o conoces a alguien que esté sufriendo acoso machista o violencia, contacta con nosotres. No estáis solas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s