Memorias de una actriz porno

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Foto: Livejournal

Actualmente, la industria del sexo es de las industrias más grandes y que más se lucran del planeta. Todos la hemos consumido alguna vez o consumimos distintos tipos de pornografía y de hecho el 12% del contenido total de Internet, es pornografía. Con este artículo únicamente pretendo relatar mi experiencia personal dentro de éste mundo y durante el tiempo que me dediqué a ello y sobre todo hacer hincapié en el estigma que se crea alrededor de ésta profesión y en el acoso que he ido sufriendo a lo largo de mi trayectoria.

Decidí introducirme en el mundo de la pornografía porque necesitaba dinero “fácil” (que de fácil no tiene nada) y rápido, así de duro y así de claro. Empecé a los 18 años trabajando como masajista en un centro de masajes eróticos. No ofrecíamos sexo. Existían normas y a mi no se me podía tocar bajo ninguna circunstancia. Trabajé de masajista durante 3 años, para poder costearme la carrera, el alquiler y mis gastos viviendo en una ciudad que no era la mía. No puedo decir que viví atormentada, porque no sería cierto. No me desagradaba el trabajo. La mayoría de clientes eran agradables, personas que venían a relajarse pero sobre todo que venían a hablar con alguien, a sentirse escuchados. Y se me daba bien.

Cada semana tenia a mis clientes fijos, que me traían regalos, me daban buenas propinas y muchas veces ni se daban el masaje. Me podía permitir una muy buena vida, comer y cenar cada día fuera, fines de semana de hoteles, regalos, caprichos… pero, como en todo, existe una parte que no es tan bonita y también tuve clientes que no me respetaron, que me ofrecían mucho dinero por tener sexo con ellos, que querían verme fuera de mi horario laboral sin entender que una cosa era mi profesión y otra mi vida privada, e incluso otros casos más graves de hombres que se sobrepasaron e intentaron tener sexo conmigo sin mi consentimiento. Situaciones muy difíciles y que desgraciadamente no puedes contar a casi nadie cuando sales del trabajo porque parece que una mujer que trabaja ofreciendo este tipo de servicios a hombres, está expuesta a este tipo de problemática y se merece ser juzgada por todo aquel que la conozca.

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Ilustración: Pinterest

En fin, pasó el tiempo y me mudé, dejé el trabajo y volví a mi ciudad. Empecé a estudiar de nuevo, pero por problemas personales necesitaba dinero, pero no podía ponerme a trabajar con unos horarios ya estipulados y fijos, así que indagué y decidí meterme de nuevo dentro del mundo del sexo, ésta vez rodando escenas de sexo real con actores y actrices, delante de una cámara y un equipo. Mucha gente me pregunta si me trataron mal o si me obligaron a hacer cosas que no quería o si me sentí violada alguna vez. La respuesta es no. Pese a ser una profesión muy controvertida y donde continuamente vemos casos de abusos, yo nunca los recibí y siempre me trataron muy bien. Dejando a un lado que en la mayoría de la pornografía actual la mujer es ‘cosificada’ y que en las escena siempre prima el poder del falo, nunca tuve problemas. Cada escena se hablaba antes con todo el equipo, se paraba cuando cualquiera lo necesitaba, y estaba trabajada detrás de las cámaras para que el resultado fuese el mejor. Se me pagaban muy bien las escenas y yo estaba contenta. Pero tenia claro que no quería dedicarme a ello siempre y lo hice solo durante el tiempo que lo necesité.

Lo que quizá no tuve mucho en cuenta es que en la nube de Internet, todo llega a manos de todos. Y que si 1 de cada 10 hombres consume pornografía, nuestro alrededor está lleno de esos hombres. Y como no, llegó el día en que la gente se empezó a dar cuenta. Y como la mayoría de veces, la gente que es muy poco educada, lo habla a las espaldas, chismorrea, se lo van diciendo unos a otros. “Oye, ¿sabes que fulanita hace porno?” “Pues he visto a tal en un vídeo, qué guarra, si tiene pareja”.

Desde el día en que decidí grabar mi primera escena, he pasado a ser la comidilla de aquellos que hablan a mis espaldas para comentar lo guarra que soy por haber decidido hacer con mi cuerpo lo que me daba la gana, por hacer de mi coño un expendedor de billetes. He recibido acoso callejero de individuos que creían que mi cuerpo era de dominio público y que no sabían diferenciar entre lo que uno ve en una pantalla y la realidad. Mi bandeja de mensajes en las redes sociales ha estado llena y lo sigue estando a veces, desde personas desconocidas que pretendían tener sexo conmigo por el hecho de ser un personaje del mundo del sexo, a personas conocidas profiriendo insultos contra mí.

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Ilustración: Debi Hasky

Ex parejas que decidieron que estaban tan dolidos que lo mejor era adjuntarme el link de uno de mis vídeos y explicarme lo puta que era (gracias, ¡no me había visto y no recordaba lo divina que salia en el vídeo!), porque ahora resulta que es algo que debo contar a todo el mundo, debo ponerlo en mi curriculum y en mi carta de presentación y si quiero entablar una relación de cualquier índole con una persona, tengo que presentarme como ‘la que hizo porno’. Por si al resto le duele o le ofende. Déjenme decir, que hay cosas que ofenden y que sí que hacen daño, y ni mis pezones ni los de mis compañeras, son una de ellas. Hace daño el machismo y micromachismos con los que tenemos que convivir cada día. El que a día de hoy a una mujer se la denigre por desnudarse en su trabajo o en las redes sociales como vemos continuamente o se la califique según la cantidad de hombres con los que se ha acostado.

Sigamos luchando para no sufrir estos acosos, tomemos conciencia de que cada vez que criticamos a una compañera que decide hacer con su cuerpo lo que quiere, estamos retrocediendo un paso. No hiramos, y sobre todo, no dejemos que los que nos rodean, hieran. Tratemos de educar y mientras tanto, sed dueñas de vuestro cuerpo, ¡disfrutad y haced disfrutar!

– Andrea

 

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2 comentarios en “Memorias de una actriz porno

  1. Agobiada

    Lo peor es que muchos hombres luego van con prostitutas y travestis y no pasa nada parece. Vuelven con su novia o esposa e hijos pequeños.
    Pero si una mujer se libera la odian.

    Conozco muchos así dan asco.

    Me gusta

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