El arte de ser mujer

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Ilustración: Richard Wilkinson

“La estética de lo bello”, metáfora con la que me refiero al mundo machista y gordofóbico en contra de la mujer sublime, de la mujer que asusta, de la mujer que piensa, de la mujer que no se calla, de esa mujer, que en otros sectores, pasa a ser totalmente invisible. La invisibilidad estereotipada de lo “no común” dentro de las mentes infectadas de sociedad enferma de apariencia (hay varios tipos), ya que el modelo ideal, ese modelo grecorromano actual de mujer, se define pero con diferentes escalas. La sociedad se atreve a decirnos que tipo de “mujer grecorromana” somos y qué proporciones vamos teniendo para llegar a ser una escultura divina, venerada y aplaudida por el público.

Tu cuerpo en este mundo mercantilizado, va en proporción de lo que peses, de lo que tengas o dejes de tener. El cuerpo como escudo, el cuerpo como instrumento y el cuerpo como diálogo comunicativo “en venta” constante. Y pasamos de ser seres pensantes a seres recubiertos de mentiras, de tantos por ciento de agrado y aprobación. La carencia se ha vuelto una palabra prostituida. La carencia de la perfección parece el elemento prohibido del presente en el que nos encontramos. “Lo queremos todo” y al mismo tiempo, no queremos nada. Y cohibimos nuestras mentes a conciencia, retenemos nuestro yo y nuestra coherencia por un poco de espectáculo, por ese miedo a ser excluidos de esa “normalidad” en manos de una minoría. Y queriendo ser esa mujer clásica, acabamos siendo una especie de “horror vacui” del que resulta difícil escapar.

La inmortalidad versus la vejez

Oye que no solo tienes que tener un buen cuerpo y ser guapa, sino que también tienes que ser joven, ser una diosa del Olimpo, volverte a llenar de ese “horror vacui” con cientos de cremas “antiedad” para ser eterna, operarte o las dos cosas, la cuestión es parar el tiempo. Tener el eterno elixir deseado para que el macho apueste por el escaparate de tu propia tienda, de tu propio producto. Porque ese es tu autoestima y ya, pero te engañarás diciendo que lo haces por ti misma y luego por lo demás. Tú misma, mujer, quieres seguir siendo ese día luminoso que deja pasar los “rayos resplandecientes” de la felicidad frente a la “noche oscura”, vacía y poco llamativa.

Y después de toda la tarde en la biblioteca, necesitaba escribir algo “feminazi” y revolucionario, para todas las mujeres que somos sublimes, que nos encanta el sexo, que estamos llenas de tabúes pero también con mucho menos que el resto, que nos encanta vivir y que odiamos este sistema de mierda.

– Yasmín Bouzaoui Acosta

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